domingo, 12 de septiembre de 2010

4. El Ramadán

El Ramadán es una festividad religiosa celebrada por cientos de millones de musulmanes en todo el mundo. Durante un mes se acuerdan de los pobres (y el resto del año, qué?) y para saber qué se siente siendo pobre ayunan durante doce horas, es decir, ni comen y ni beben además de otras prohibiciones, mientras el sol domine el cielo. En cuanto oscurece la vida sigue.

El inicio del Ramadán me pilló en Sumatra y maldije mi suerte porque si encontar comida a veces no era fácil, con el Ramadán iba a ser aún más difícil. Podía cocinar pero me daba por saco tener que hacerlo por ese motivo. La cosa es que aunque a veces costaba, siempre se encontraba algún garito que a "escondidas" y sin que se viera desde fuera, servía comida. Entraba a pedir arroz y me daba la impresión que entraba a comprar droga. Muchas veces cuando paraba en alguno de los muchos locales familiares que venden noodles fritos (fáciles de cocinar) me hacían pasar dentro para que nadie desde fuera viera que estaba comiendo. Dentro de las casas las gentes comían y los garitos "clandestinos" siempre estaban llenos. En el Ramadán supuestamente no se puede fumar. En Sumatra esta prohibición es demasiado difícil de cumplir y por supuesto nadie la respetaba. Tampoco en Java, aunque en Java se fuma mucho menos. En Sumatra una vez me llamaron la atención por comer en la calle unas galletas pero el resto de las veces nunca me dijeron nada. Yo por supuesto comía donde y cuando quería, no se trata de una falta de respeto hacia ellos, considero que es al revés si tratan de obligarme a cumplir SU Ramadán. Mientras no me tocaran la comida y pudiera conseguirla el pelotón se mantuvo neutral y con el hacha de guerra enterrada.
Mucha gente pasa del Ramadán, lo cual me gusta. Me hacía gracias a veces cómo se justificaban cuando les veía incumplirlo y les vacilaba. Un día había dos hombres fumando como carreteros y  comiendo. Les pregunté si ellos eran musulmanes y me  dijeron que sí. Les pregunté si no respetaban el Ramadán y me contestaron que estaban enfermos de la garganta, apoyándose en gestos taetrales de dudosa credibilidad... Buenísimo.
En Java el tema es mucho más relajado. La comida se sirve abiertamente y no hay la sensación de que estás comprando speed. Parece que no está tan mal visto no respetarlo.
Antes de que anochezca tanto en Sumatra como en Java los restaurantes preparan abundantes raciones de comida. Al sonido de una sirena se da el vistobueno para poder comer.


Para aquellos que han respetado el Ramadán, es la hora de beber agua y té y comer dátiles y abundantes dulces. Luego rezarán antes de darse el gran festín. En la calle hay jolgorio, vida, hay petardos y fuegos artificiales. Al día siguiente se levantarán a las 2 de la mañana para cocinar ya que a las 4 desayunarán (en Java amanece antes de las 5). Luego algunos se vuelven a meter en la cama y otros se ponen en marcha.
Lo peor de todo son los moecines que desde cada mezquita pasan horas cada día dando sermones retransmitidos por los altavoces. Están hasta las 12 de la noche y a las 2 vuelven a la carga, muchas veces con grabaciones en las que alguien da un discurso que debe ser muy divertido porque se oye las risas de la gente. A veces incluso son niños que apenas saben hablar y que martirizan al personal con sus gritos y balbuceos a todo volumen. Honestamente, para alguien no musulmán o no religioso es una pesadilla. Durante un mes malduermes todos los días, a no ser que tengas la suerte de dormir lejos de alguna mezquita, algo casi imposible.

El final del Ramadán es una gran fiesta en la que es costumbre ir a los pueblos de origen a reunirse con las familias. Tienen unos días festivos para ello. El país se paraliza y hay  millones de desplazados. Afortunadamente paso el final de la fiesta en Bali, isla hindú donde el islam apenas tiene influencia.

Algunos dicen que aunque no seas musulmán, el Ramadán es una experiencia que hay que vivir. Lo dirán aquellos que estarán tres días y se marcharán pero a que no lo dicen si se lo comen entero, pedaleando y durmiendo al lado de sus mezquitas?

Por un mundo más libre, VIVA EL ATEISMO

3. Carretera y manta

Debido a la altísima densidad de población pocos lugares en el mundo tendrán tanto tráfico como Java. Sin embargo mi travesía por la isla ha sido feliz y relativamente cómoda. Ni los autobuses ni el viento me han hecho sufrir tanto como las cuestas de Sumatra.
Algunos dicen que Java es el alma de Indonesia. La mitad de su población vive en esta isla y es donde más dinero y desarrollo hay. Aquí se cuece todo. Es por eso que los colores rojiblancos dominan el paisaje. Como diría mi amigo Oscar (SF), aquí todos son del Athletic.
  Me esperaba una locura, un caos total pero Java me sorprende con orden, amabilidad, tranquilidad, sonrisas que se quedan grabadas para siempre y momentos curiosos. Estamos de Ramadán y por la carretera se ve a grupos de chavales tocando música y recolectando dinero. Alegría y colorido, colorido y alegría...

En Java hay varios volcanes. Los más famosos están en oriente y los dejo para después. Siempre están envueltos en nubes...

... no como en el llano, donde los ríos se convierten en el mejor aliado del hombre, la mujer y sobretodo, los críos...


... porque los mayores deben trabajar en el campo. Hay mucha cebolla y azúcar...

... y por supuesto arroz...

Empiezan a trabajar muy pronto...

... y acaban tarde...

Y cada día recibo una cura de humildad...

... aunque también haya algunas que vivan mejor que yo...

Lo que más me gusta de Java es su gente. Increiblemente amable e increiblemente maravillosa. Conmigo se muestran curiosos pero nunca me agobian, lo cual es un alivio. Serán muchas conversaciones agradables las que mantendré con ellos cuando paro a comer o a descansar...

... casi siempre con una sonrisa en sus labios. No sé si a la cría no le hace gracia que le blanqueen la cara o es que se parece a su padre, porque la madre no podía parar de reír...

Quizás algún día del mar reciba una visita inesperada que le cambie su vida...

En Jakarta los chicos de Bike to Campus me sacaron de la ciudad y en Probolinggo soy recibido por 15 ciclistas que me esperan a la entrada de la ciudad. Me hace mucha ilusión ya que nunca antes me había pasado...

así que no hace falta que me deseen buen viaje por escrito...

... ya que cada día será un regalo para mí, hasta que llegue a Ketapang, donde pasaré a Bali. Miro atrás y digo adiós, por ahora, a esta gran isla. Porque el volcán que se ve al fondo, si todo va  bien y mi pie me lo permite, recibirá mi visita en los próximos días...
 
Ahora toca llegar a Kerobokan donde me esperará una gratísima sorpresa. Pero eso es otra historia. El pelotón huele a vacaciones y descanso...

2. Jakarta ama las bicis

Jakarta me deja sin palabras por la hospitalidad y la frenética actividad de los miembros de Bike To Work. Pasaré unos días muy agusto con ellos mientras consigo extender mi visado. Estamos en Ramadán y lo vivo desde dentro, con ellos. Además estamos de celebración, cumplen 5 años y lo celebramos por todo lo alto. Mientras tanto ellos siguen preparando eventos en su lucha heroica por fomentar el uso de la bicicleta en las ciudades.

 Les deseo mucha suerte en su empresa, voluntad no les falta...

1. Welcome to Java... Bentiskas

Mi entrada en muchos países es gloriosa. Java, aunque no es un país diferente lo tomo casi como si lo fuera.
Llego en autobús a Jakarta, con la prisa para renovar mi visado. Estamos en la gran urbe cuando el autobús se detiene. "El guiri! que se baje!" gritan. Yo obedezco. Saco la bici, monto todo y trato de situarme. No sé dónde estoy, es de noche, no ni tengo luces ni mapa ni dirección donde ir. Como preguntando se llega a cualquier sitio inicio mi andadura hacia no sé dónde. Voy tirando hacia el centro, es sábado noche y hasta el lunes no puedo quedar con la gente de Bike to Work. Cuando llevo algunos km empieza a llover, lo cual aprovecho para cenar. En el restaurante unos comensales me invitan a la cena, les debo dar pena. Llega un momento que los del restaurante me echan, tienen que cerrar. Fuera diluvia. Les pongo cara de corderito y trato de autoinvitarme a un trozo de suelo pero es inútil. Ni siquiera la lluvia les ablanda el corazón. Salgo a la lluvia y en segundos estoy absolutamente calado. Durante hora y media deambularé dirección a la Jalan Aksa bajo el diluvio y soportando los baños no deseados de los coches cuando pasan junto a mí y un charco. Encuentro la calle y trato de buscar habitación. La gente me confunde con un indigente. Creo que hasta les doy asco. Finalmente tras varios intentos fallidos doy con una habitación infestada de mosquitos. Pero la ducha es gloriosa, y la cama también. Llevo más de 30 horas de viaje. Pero no es como se empieza, sino como se acaba y Java se portará muy bien conmigo...